Trabajadores por cuenta propia, los de mayor probabilidad de ganar un salario mínimo | Investigación Ibero

Trabajadores por cuenta propia, los de mayor probabilidad de ganar un salario mínimo

Publicado el 14 de octubre del 2015

·       Académicos y estudiantes de la IBERO investigaron “Perfil socioeconómico de la población afectada por modificaciones al salario mínimo”.

El 40 por ciento de los trabajadores por cuenta propia de la población económicamente activa (PEA) de México, que equivalen a 600 mil personas, son los que tienen una mayor probabilidad de percibir como máximo un salario mínimo.

Dichos datos fueron arrojados por la investigación Perfil socioeconómico de la población afectada por modificaciones al salario mínimo, realizada por los doctores Isidro Soloaga e Irving Rosales, académicos del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México; y sus alumnos de la Licenciatura en Economía, René Livas y Pablo Gordillo.

El estudio, presentado en el Seminario permanente de investigación del Departamento de Economía de la IBERO, analizó las características de las personas que tienen una alta probabilidad -considerada así si es mayor al 20%- de obtener hasta un salario mínimo como remuneración por hora. Para tal efecto utilizó las bases de datos de 2014 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH).

A partir de esos registros, los seis millones 700 mil trabajadores que ganan el salario mínimo, según cifras oficiales, fueron reducidos a dos millones 643 mil 726, al restringirse la investigación a: personas que integran la PEA, con edades entre los 14 y 65 años, que laboran entre 20 y 72 horas semanales, que perciben un salario -en la economía formal o informal-, y que por sus cualificaciones no es probable que a  futuro ganen más de un salario mínimo.

De esos más de 2.6 millones: 59% son hombres, 23% tienen edades de 40 a 49 años -el grupo mayoritario-; la mayoría,  30%, cuenta con secundaria completa; el sector agrícola es donde más se ocupan, con 32%; en tanto que el 55% trabaja por cuenta propia.

Esta focalización permitió a los universitarios de la Iberoamericana reducir posibles errores en sus métricas económicas, al considerar objetivamente  las posibilidades verdaderas que tienen de percibir un salario mínimo como máximo, y no ganar más de éste, de entre las personas que integran la PEA.

Al separar la PEA en tres grupos principales el trabajo académico encontró que, sólo entre los asalariados, las personas con mayor probabilidad de ganar hasta un salario mínimo son: mujeres, radicadas en Oaxaca, de 28 años de edad, con siete años de escolaridad, que trabajan 67 horas semanales; y lo hacen en el comercio al por menor, en apoyo a los negocios y en el manejo de desechos; dentro de la informalidad y en empresas con dos a cinco empleados.

Si se consideran solamente los cuentapropistas, la mayor probabilidad de ganar hasta un salario mínimo está en: habitantes de Chiapas, de 45 años, con seis años de estudios escolares, que laboran 46 horas semanales, en la agricultura, en el mercado informal, y sin distinción de género.

Y en el modelo completo -asalariados y trabajadores por cuenta propia-, el salario mínimo es más posible que sea la percepción máxima para: hombres, que viven en Chiapas, de 42 años, con cinco de escuela, que trabajan 50 horas a la semana, en la agricultura, y en la informalidad.

 

Políticas regionales para el salario mínimo

Estas particularidades fueron las encontradas por la investigación, que al no utilizar un modelo causal, solamente describe cuál es el perfil socioeconómico de quienes ganan hasta un salario mínimo como máximo ingreso.

Empero, el doctor Isidro Soloaga explicó que el estudio sí le permite a él y sus colegas investigadores proponer, a modo de conclusión, que en cuanto a políticas públicas para incrementar el nivel de bienestar de las personas de menores ingresos, lo conveniente no es hacerlo vía general a través del salario mínimo; sino con estrategias territoriales, regionales y focalizadas.

Como México es un país con entidades muy diversas entre sí, se necesitan  políticas sectoriales que tomen en cuenta el contexto de cada localidad; ya que por ejemplo, no es lo mismo la agricultura de Chihuahua que la de Yucatán, en las que la productividad de la tierra es distinta.

En el caso específico del salario mínimo, no sería nada bueno aumentarlo por decreto, pues estudios en México, Estados Unidos y Europa han demostrado que cuando esto se hace los empleadores reaccionan disminuyendo sus plazas y demanda de trabajo, con el fin de reducir costos. “A nivel mundial estos estudios encontraron que por cada punto porcentual de aumento del salario mínimo por decreto, el empleo baja alrededor de un punto porcentual”.

“Por eso nuestra propuesta es que los hacedores de políticas públicas tomen en cuenta a las personas que viven en el lugar donde se van a implementar, para que juntos creen sinergias, por ejemplo, con apoyo al desarrollo de proyectos productivos con los habitantes de esos territorios, con el fin de tener un mayor impacto en el bienestar de esas personas”, concluyó Soloaga.

Pedro Rendón López